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El Blog del Topo

Cine, amor, amistad, fantasía y alguno que otro pensamiento extraño

Etiqueta: Política

  • Carta desde Colombia

    Hola a todos. Ayer se me ocurrió una idea para este blog pero para eso necesitaba de la ayuda de una amiga ya que, aunque tengo un poco de idea sobre el tema, no tengo las herramientas ni los conocimientos necesarios. Hace como tres o cuatro años conocí a Ana y hace poco empezó a platicarme de la situación política de su país, Colombia. Una vez me estuvo platicando por teléfono un poco sobre este asunto y la verdad es que estaba picadísima escuchándola. Fue entonces cuando me empecé a dar cuenta de muchas cosas que tienen en común nuestros países. Un ejemplo es cómo alguna gente del poder manipula al pueblo de tal manera que su forma de pensar sea conveniente para ellos (para el gobierno). En fin, esto es sólo un aspecto de muchísimos otros, es algo que se ha venido dando desde hace muchos años y que es muy difícil resumir tocando todos los puntos. Ana me hizo el enorme favor de escribir algo para este blog de tal manera que resumiera el tema y que pudiera hacer notar la gravedad de este asunto del cual casi nadie está enterado en nuestro país. Espero que les guste, que se interesen en esto igual que yo lo hago y que pasen la voz. Si tienen alguna duda o comentario que hacerle a Ana pueden decirme y yo le digo. Un saludo.

    Hola. Mi nombre es Ana, tengo 20 años y nací en Bogotá, Colombia. Desde hace un tiempo me he dedicado a escribir en algunos blogs (ahora extintos) una perspectiva crítica sobre la realidad política de mi país. Ciertamente, como no es secreto, Colombia tiene muy serios problemas de corrupción, situación que ha calado en el ideario colectivo extranjero. Hoy, a través de esta carta, quiero contarles brevemente la historia de algunos de estos problemas y también invitarlos a que apoyen a la juventud colombiana que hoy está ante el gran reto de desempolvar lo que ha permanecido en la impunidad durante décadas y dignificar, así, su historia.

    Desde hace aproximadamente cincuenta años en Colombia apareció, de manera oficial, el fenómeno de las guerrillas marxistas y su origen es aún tema de discusión. Muchos creen que surgen gracias al grave y violento conflicto entre los dos ladrillos del bipartidismo: el liberalismo y el conservatismo. La violencia entre los integrantes de estos partidos tiene como triste ejemplo la muerte de Jorge Eliécer Gaitán y el posterior Bogotazo. Gaitán, también llamado El Caudillo, aspiraba a la presidencia en 1948 por el partido liberal y fue asesinado en una esquina en el centro de Bogotá en donde hoy se erige un ‘majestuoso’ McDonalds. Se dice que lo que sucedió el día de su muerte desencadenó la aparición de las guerrillas que hasta hoy siguen siendo un dolor de cabeza para Colombia.

    Sin embargo, aunque las guerrillas fueron, han sido y siguen siendo un dolor de cabeza, nunca hemos sido favorecidos por un gobierno que garantizara el fin de la era de violencia protagonizada por ésta y el narcotráfico. La década de los 80 fue para Colombia la muestra límite de lo que era capaz de hacer el dinero de los capos, el gobierno corrupto y la presión de los guerrilleros. En esta época, llamada ‘narcoterrorismo’, emergen grupos al margen de la ley con el fin de aniquilar a los secuestradores y extorsionadores que asolaban a los narcos y grandes hacendados de varios departamentos del país (Antioquia, Córdoba, etc.). Uno de estos grupos se llamó MAS (por sus siglas: Muerte a Secuestradores) y es la semilla de lo que a finales de los 80’s y principios de los 90’s se consolidó como las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia).

    Este fenómeno se conoce como el paramilitarismo y es el autor de millares de horrorosos crímenes: desmembramiento de campesinos (hombres, mujeres y niños) utilizando motosierras, atroces testimonios de exparamilitares que dicen haber jugado ‘fútbol’ con las cabezas de sus víctimas después de haber realizado las masacres, entre otros. Gracias a esto, las personas que habitaban los pueblos en los que se cometieron tan atroces ejecuciones viajan a las grandes ciudades en búsqueda de justicia y sobrevivencia. Se conocen como desplazados de la violencia; actualmente, miles de estas personas viven en la total indigencia. Hoy, de una manera lenta e ineficaz, algunos de los autores de esta historia son extraditados y juzgados por la justicia de otros países.

    Entre todo lo aterrador, triste y desolador de este panorama aparecen en el historial testimonios que revelan la complicidad de las Fuerzas Militares de Colombia y miembros activos del actual gobierno en la financiación de estos grupos paramilitares, los mismos que realizaron asquerosos crímenes. Sin embargo, este lado de la historia, para muchos colombianos es un embuste y lo seguirá siendo mientras el letargo en el que estamos sumidos no llegue a su fin. Muchos de estos testimonios son de aterradora contundencia, pronunciados por los mismos que hoy pagan una larga condena en cárceles de los Estados Unidos.
    La situación política actual es muy grave: la conexión entre el gobierno, el narcotráfico y el paramilitarismo se hace cada vez más patente. No es un secreto que el perfil de nuestro presidente tiene manchas muy oscuras y hoy, varios miembros de su partido político, están en la cárcel por ser protagonistas del caso conocido como ‘parapolítica’ (financiación por parte de miembros del congreso de grupos de paramilitares en distintas regiones del país). Más y más escándalos han atravesado un gobierno que suponía ser la esperanza del fin de la guerrilla y el inicio de una nueva era para Colombia. Este sueño, después de ocho años en el poder, está hecho trizas. La nueva historia de Colombia no empieza y no empezará hasta que cada colombiano y colombiana se concientice de que su país ha estado en manos de gente que no ha hecho nada por mejorar nuestra calidad de vida y por hacer real el dolor de tantas familias que han sido y siguen siendo víctimas de la violencia.

    Nuestra historia es caótica y vergonzosa. Ningún colombiano sensato podría estar conforme con estos hechos, hechos que permanecen aislados y puestos en un segundo plano por los medios de comunicación y los líderes políticos. Todos, bajo la idea de seguir perpetuándose en el poder, tapan con mentiras y entretenciones burdas la verdadera realidad de Colombia, su verdadera historia. La belleza cultural y natural del país está oculta gracias a la ineptitud e indiferencia que hemos tenido ante la violencia y la corrupción. No hemos podido acabar con esta cadena de dolor y de desgracia y al ver semejante desastre, muchos que descubren su magnitud se resignan y terminan huyendo de la tierra que los vio nacer. Pero no podemos permitirlo más. Tenemos que detenerlo. Tenemos que hacerlo por nuestros hijos, por el derecho que los colombianos que nacerán tienen a una identidad y a una historia. Tenemos que hacerlo por nosotros, por el derecho que tenemos de luchar legalmente y con el arma de nuestra inconformidad, rechazo, repudio y memoria para hacer real lo que ha sucedido. Somos miles de personas: miles.

    Somos jóvenes, adultos, personas de todos los estratos y de todas las zonas del país. Estamos dispuestos a pararnos sobre el bloque de una resistencia legal y sin muertos para exigirle a todas las personas indiferentes que se compadezcan de sus compatriotas, víctimas, y de sí mismos; porque llevan encima el lastre de ser ineptos y parasitarios ante su historia, han sido estáticos y útiles a lo que nos viene socavando desde hace décadas. Queremos hacer presión social, queremos interiorizar el verdadero conflicto y por primera vez, mostrarle al mundo y a las víctimas que muchos, miles y miles, no ignoramos lo que aquí sucede, que lo odiamos y que queremos cambiarlo. Estamos invitando a la gente a marchar, a llenar vallas, a invertir en papelería, a rayar paredes (si se atreven), a contarles a todos los que puedan esta historia, a sentirla y a hacer que su vida gire en torno a ella para, al fin, hacer latir, poco a poco, el corazón de ese cuerpo moribundo que es nuestro país. No lo hacemos en nombre de ningún partido político, no lo hacemos en nombre de ningún personaje de la vida pública. Lo hacemos en nombre de nosotros mismos.

    Mi invitación es a que nos apoyen, a que todos los jóvenes, de cualquier lugar del mundo, que puedan sentirse identificados con el sentido de esta lucha difundan nuestra historia y también la rechacen.

    Nos merecemos y queremos un país con dignidad.

    ¡Gracias!